El contacto político al más alto nivel, solicitado por el ministro José Blanco, tuvo como único asunto del día la licitación de los tramos pendientes del AVE gallego y el mantenimiento de toda la línea durante 25 años. Los dos políticos discutieron, sin el asesoramiento de sus equipos técnicos, los aspectos más controvertidos de los pliegos del contrato, especialmente aquellos que más preocupan a los técnicos de Hacienda y que, el pasado 17 de marzo, motivaron una solicitud adicional de información para ver cómo encajaría el proyecto en las medidas de ajuste presupuestario y control del déficit decididos por el Gobierno.
Según fuentes que conocieron el contenido de la reunión, ambos ministros hablaron sobre los compromisos financieros (que comprometerán los Presupuestos de al menos otros cuatro Gobiernos); los mecanismos para captar financiación (la implicación de cajas y bancos en la financiación del proyecto); el impacto presupuestario (el ADIF no computa en el déficit como sociedad estatal, pero se nutre en parte de aportaciones del Estado) y el reparto de riesgos, que se distribuyen entre el administrador ferroviario -en menor medida- y las empresas adjudicatarias, que deben garantizar la disponibilidad de la infraestructura en el plazo y en las condiciones previstas.